Montaje de persianas en Málaga

Más de un siglo a su servicio

Cerrajería Daniel Martínez personas dentro de negocio de cerrajería
En Cerrajería Daniel Martínez contamos con más de cien años en el sector de la cerrajería y el montaje de persianas. Por ellos, podemos presumir de ser la más antigua.

En nuestro taller se han fabricado las llaves de gran parte de las viviendas de la capital. Daniel Martínez conoce al milímetro cada una de las cerraduras que mantienen la seguridad en las viviendas de Málaga. No en vano, en su cerrajería, situada en el pasaje de Larios, han contribuido a la mejora de la seguridad en los hogares durante el último siglo. En el 2014, nuestra cerrajería cumplió cien años y presume de ser la cerrajería más antigua que queda en Málaga.
​Daniel prácticamente se ha criado en el taller. Abierto por su abuelo en 1914, fue regentado durante cerca de medio siglo por su padre, y ahora por él. «Mi padre nació en el taller y yo me he criado aquí». No son solo palabras, sino que el alumbramiento fue literalmente en el negocio familiar. «En la planta de arriba había una habitación en la que vivían mis abuelos», señala.

Él lleva 32 años al frente del negocio, aunque su padre, con 86, le sigue aconsejando en todo lo que puede. «Yo empecé a ayudarle con apenas 14 años, pero no me gustaba, solo lo hacía porque era el negocio familiar y me lo pedía mi padre», reconoce. Hoy, todo eso ha cambiado y vive su negocio con pasión. «Soy graduado social y he podido aplicar mis conocimientos a este trabajo».

En sus orígenes, la cerrajería fue también una carpintería, aunque dejaron de trabajar con las maderas en el mismo momento en que él se puso al frente. En todo ese cambio de concepto, a este empresario no se le olvida el día en que compró un ordenador para ponerlo en el lugar de trabajo. «Era un momento en el que se hablaba mucho de seguridad en las viviendas y pensé que era el camino adecuado». Aunque no todos lo vieron así: «Mis padres pensaban que estaba loco, pero creo que el tiempo me ha dado la razón».

En la última época, también han comenzado a montar persianas, algo que se ha convertido en una de sus principales actividades. Entiende que la diversificación del negocio siempre es importante. «Aunque tengas un negocio muy asentado, siempre es bueno cambiar algunas cosas».

Consciente de que cumplir cien años es algo excepcional, Daniel reconoce que el secreto del éxito está en «esforzarse y en mimar el negocio como si fuera un hijo». A su juicio, «si ya es difícil empezar, más complicado es mantenerse». Ahora, tras tantos años de trabajo en el centro, afirma tener una clientela fija, «que es lo más complicado de lograr». «Yo me involucro mucho, y creo que eso es fundamental para seguir adelante en la época actual».

Sin embargo, piensa que los tiempos están cambiando y que la sociedad actual no se parece a aquella en la que comenzó a trabajar. «A mí, mi padre me decía que me fuera al taller y ni rechistaba», bromea. Ahora todo ha cambiado y «no todo el mundo tiene esa capacidad de sacrificio para mantener un oficio».

De hecho, él tiene dos hijos y no cree que ninguno vaya a seguir con el negocio cuando a él le toque el momento de jubilarse. «Ellos se están formando para ser personas preparadas, por lo que no creo que quieran seguir con el taller, es posible que yo sea la última generación». Aunque añade: «Esto lo van a tener para ellos, para cuando lo necesiten».